Desde que Carla llegó, Valentina ha cambiado sutilmente. No es algo evidente, no es un giro brusco, pero se nota. La escucho reír desde el pasillo, hablar sin pausas, como si necesitara vaciar todo lo que llevaba guardado. No entro. No porque no quiera, sino porque intuyo que ese espacio le pertenece solo a ellas. No sé de qué hablan. Y está bien así. Carla siempre ha sido importante para Valentina; eso lo entiendo sin necesidad de explicaciones. Lo noto en cómo se sienta a su lado, en cómo inclina el cuerpo hacia ella cuando escucha, en esa sonrisa distinta, más ligera, que aparece cuando se siente a salvo. Verla así me tranquiliza. Aunque no sepa qué palabras intercambian, sé que ese momento le hace bien. Durante el día las veo a ratos: sentadas en la cama, cruzadas de piernas, gestic

