Al día siguiente Hoy despertamos más tarde de lo habitual. Demasiado tarde para alguien como yo, que suele vivir con el reloj grabado en la cabeza. Ninguno escuchó la alarma y eso nos obliga a movernos con rapidez, casi en sincronía, entre la ducha, la ropa y las agendas que no esperan. La observo mientras se viste. El traje verde agua le queda impecable, elegante sin esfuerzo. Valentina siempre ha tenido esa capacidad: verse segura incluso cuando sé que por dentro va procesando mil cosas a la vez. Yo termino de ajustar mi corbata, consciente —como siempre— de que ella me mira más de la cuenta cuando uso traje. Me divierte. Y me halaga. —Iré por Carla —me dice, acercándose para darme un beso corto. —Yo iré a recibir a los guardaespaldas. Te espero en el auto, principessa —respondo, de

