Capítulo 21 ...No pudieron esperar más. La necesidad de fundirse el uno en el otro se convirtió en la única fuerza motriz. Christopher se colocó entre sus piernas, sus ojos fijos en los de ella, buscando el permiso que no necesitaba, pero que ella le otorgó con un asentimiento de la cabeza. Y entonces, la penetró. No fue un movimiento suave. Fue la culminación de toda la frustración, el celo y el anhelo del día. Christopher entró con un empuje profundo y desesperado, un gemido gutural escapando de su garganta. —¡Elena! —exclamó, su nombre siendo la única oración que podía pronunciar. Ella lo recibió con un grito de placer y alivio. Sus piernas se apretaron de inmediato alrededor de su cintura, atrayéndolo hacia un contacto más profundo. El ritmo que siguió fue rápido, implacabl

