Capítulo 19

1446 Palabras
El sonido de los puños de Emilia contra la madera de la puerta se había convertido en el único sonido que retumbaba en los pasillos de la casa durante casi una hora. Era un golpe seco y desesperado, que no detuvo ni por un segundo, esperando que aquel hombre volviera para decirle todo lo que no habia podido hacer antes y si no volvia, al menos los pasillos lo sabrian. Gritó hasta que su garganta se sintio seca y la voz apenas le salia de lo cansada que estaba, habia estado exigiendo que la liberaran, lanzando amenazas y maldiciones contra su secuestrador, sin embargo, al otro lado, nadie hizo caso de su berriche. El personal, siguiendo las órdenes estrictas de Lorenzo, habían decidido ignorar sus gritos como si se tratara de una niña que necesitaba un momento de soledad para pensar en sus acciones, las cuales daban mucho que desear. Finalmente, con los nudillos enrojecidos, hinchados y el pecho sin aire por el esfuerzo y la ansiedad, Emilia dejó caer los brazos. Comprendiendo que gritar y llorar no servian de mucho. Se apartó de la puerta con la respiración entrecortada y comenzó a observar a su alrededor con la esperanza de encontrar algo que la ayudara a salir de su prision. Se dirigio hacia los grandes ventanales que daban al balcón, esperando que, ahora que su cuerpo se sentia mejor, tuviera las fuerzas para abrir la ventana sin que nadie se diera cuenta, pero sus dedos solo encontraron otro obstaculo, los marcos eran de aluminio reforzado, un material que reconocio, porque se usaba en las ventanas del hotel en el que trabajaba. Cada ventana tenía un seguro electrónico que se distinguia por una pequeña luz LED roja que parpadeaba, indicando que estaba cerrada, no habia formar de quitarlo sin que nadie lo notara, sabia que esas cosas tenian una alarma y que era muy probable que 3 segundos despues de abrirla, tendria a ese gorila detras de ella. Estaba atrapada en una jaula con vista al paraíso, una chiste ironico que hacía que su encierro se sintiera aún más perverso. Caminó hacia la mesa de noche, al abrir el pequeño cajón, sus esperanzas de encontrar llaves o algún objeto punzante para defenderse se desvanecieron. Solo encontró una vieja libreta de cuero gastado por el tiempo. Al hojearla, descubrió poemas escritos con una caligrafía elegante, algo apresurada, casi ansiosa. Eran versos que hablaban de un amor irremplazable, un amor eterno que la muerte no podia borrar. El hallazgo la dejó pensativa, porque aquellos poemas eran demasiado hermosos como para que un imbecil como el que la habia secuestrado, los escribiera, asi que dedujo que esa libreta no debia ser suya. En el baño, la búsqueda fue igual de infructuosa, jabones de fragancias caras, toallas de algodón egipcio y sales minerales dispuestas, eran practicamente inservibles. No había nada que pudiera servir para forzar una cerradura, ni un solo objeto que pudiera ayudarla, parecia que todo ahi habia sido seleccionado no solo para su comodidad, sino tambien para obligarla a ser sumisa. El ultimo lugar que reviso fue el armarioy al abrirlo noto que se trataba de un vestidor espacioso, casi una habitación independiente con luz propia. A un lado, hileras de trajes oscuros, camisas perfectamente almidonadas y zapatos de piel que obviamente pertenecían a su secuestrador, tenia un singular aroma a peligro. Al otro lado, observo una colección asombrosa de ropa de mujer, vestidos de seda, conjuntos de lino para el verano griego, blusas de encaje hechas a mano... todo parecía nuevo e impecable, pero con un aire que a Emilia le resulto extraño aunque sin duda eran prendas que no seguía las modas pasajeras, era ropa de coleccion. —Tal vez es un coleccionista —susurró Emilia con un hilo de voz, mientras recorría las perchas con las yemas de los dedos—. Espero que solo sea de ropa y no lo que estoy imaginandome, no quiero ser otra pieza de su inventario. Al revisar las etiquetas de un par de faldas de corte recto y un vestido de seda de tirantes finos, un escalofrío recorrió su columna vertebral, la talla era la suya, no una aproximación, sino la medida exacta que ella conocía. Por un momento, intentó racionalizarlo: pensó que aquel hombre debía tener un fetiche perturbadoramente específico, un tipo de mujer "modelo" que buscaba y llevaba allí contra su voluntad, pero la cantidad de ropa, la variedad de estaciones y estilos era inusual, es decir quien habia elegido cada prenda tenia un gusto exquisito y la forma en como cada prenda estaba colgada indicaba que estas prendas eran valiosas, mas que solo premios de otras mujeres que habia secuestrado. Fue entonces cuando, al deslizar una percha que sostenía un vestido de gasa de color azul, el mundo bajo sus pies temblo.Tuvo una visión tan nítida que un dolor punzante en las sienes, la invadió de golpe, no fue un pensamiento, parecia mas bien un recuerdo, se vio a sí misma, con el cabello un poco más largo y una expresión de alegria que no recordaba haber sentido jamás, frente a un espejo ovalado de marco dorado que no era el de esa habitación. Se medía ese mismo vestido azul, sintiendo la caricia de la tela sobre su piel mientras una brisa entraba por una ventana abierta. La sensación de deja-vú fue tan violenta, tan real, que Emilia soltó la prenda por instinto. El vestido cayó al suelo sin hacer ruido. Retrocedió hasta chocar contra la pared del vestidor, con el corazón agitado y sin control, como si quisiera escapar de su pecho, no sabía si su memoria estaba cediendo ante la adrenalina del secuestro o si las drogas que le habían administrado le estaban provocando alucinaciones persistentes. ¿Era posible confiar en esas imágenes que se sentían como un sueño y una pesadilla al mismo tiempo? Aunque sus manos no dejaban de temblar, levantó el vestido del suelo. Esperó otro impacto, pero no ocurrió nada. Asi que tocó un vestido de seda roja, luego una blusa blanca de algodón, pero nada mas paso, sintio una extraña sensación de vacío aún más inquietante. Frustrada y confundida por lo que habia pasado, quiso intentar algo mas para tratar de provocar las visiones, Emilia penso que se estaba volviendo loca o solo masoquista, asi que se quito el vestido blanco con el que había despertado y se puso el que habia causado que el cuerpo y su memoria, por un momento despertaran. El tejido se ajustó a sus curvas como si hubiera sido confeccionado justo para ella, se colocó frente al espejo de cuerpo entero del vestidor con los ojos cerrados, contuvo el aliento y luego los abrio. Al mirarse, vio en el reflejo que ya no estaba sola, sintió el calor de unos brazos rodeándola desde atrás, una presencia imponente que tomaba con posesividad y ternura protectora. No podía ver el rostro del hombre que olia su perfume desde atras, ocultandose entre su cabello y su cuello, pero sentía su respiración cálida en su piel y el roce suave de sus labios marcando territorio. En el recuerdo, él le mostraba una pequeña cajita entre sus manos: un collar rústico, hecho de pequeñas conchas de mar perfectamente seleccionadas que él mismo había unido con un hilo tipo nilo de pescar. Aquel objeto, tan simple, en comparación con el lujo que la rodeaba, le provocó una oleada de ternura dolorosa que las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de la Emilia del presente, empapando la seda azul. Unos golpes secos y autoritarios en la puerta de la habitación la arrancaron bruscamente de la visión, devolviéndola a la cruda realidad que vivia. —Señorita —era la voz de una de las empleadas de la mañana, plana y profesional—. La comida se servirá en diez minutos exactos. El señor ordena que debe bajar al comedor principal para acompañarlo en la mesa. Emilia se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, mirando su reflejo con una mezcla de furia, miedo y una pizca de duda existencial. —¡Dígale a su señor que no voy a bajar! —gritó con la voz quebrada pero cargada de una firmeza nueva—. ¡Dígale que no voy a comer nada que venga de sus manos, ni voy a ser parte de su estupido juego! La mujer hizo apenas una mueca de resignacion, porque eso significaba mas trabajo para ella, pero no se quejo, solo asientio con la cabeza y se marcho. Emilia se quedó allí, rodeada de una ropa que parecía evocar recuerdos que no comprendia y no sabia si realmente deseaba que sus recuerdos volvieran.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR