Miri frunció el ceño y negó. —Penélope, en serio a veces me preocupas.
—Miri, ¿Tienes los reportes?—Preguntó alguien.
—Si, ya voy.
Penélope tragó saliva y trató de borrar esas imágenes de su mente, el hermoso trasero de Aron, ese movimiento de cadera qué seguramente se sentía muy bien.
Negó con fuerza y tuvo que ir al baño a lavarse la cara, no podía quitar esa imagen de su cabeza.
“¿Quieres unirte?”.
Penélope cerró los ojos con fuerza, ella era virgen, tenía 24, se estaba guardando para su hombre ideal, se estaba guardando para Aron Hill.
La imagen del ritual golpeo su cabeza y eso la hizo abrir los ojos, sacó su teléfono con prisa y buscó el libro en Internet.
Los resultados tardaron menos de un segundo.
El primer enlace tenía un título que le heló la sangre:
“Grimorios de invocación prohibidos, Nivel avanzado”.
¿Grimorio?.
Hizo clic en aquel enlace.
La página cargó con un fondo n***o y letras rojas.
“Manual de llamado para entidades de deseo, posesión y dominación. Invocación de demonios.”
Penélope dejó de respirar, ¿Demonio?.
Siguió leyendo.
“Una vez abierta la puerta, puede ser muy difícil volver a cerrarla…invocar demonios invita a estas entidades a entrar en la vida del practicante…fuerzas que no pueden ser controladas.
Si la entidad no aparece frente al invocador, buscará un cuerpo con mayor energía vital.”
Penélope apagó su teléfono al sentir un escalofrío en la nuca.
—No puede ser—Se dijo así misma, volvió a prender su teléfono y abrió las imágenes que se mostraban en aquella página.
Habían varios demonios, pero solo uno que la hizo detenerse, un demonio de ojos oscuros, de cuerpo enorme y cuernos afilados.
Abajo decía:
“Malek — Demonio de la lujuria, uno de los 7 reyes del inframundo, figura poderosa que induce pasiones desordenadas y lidera legiones infernales…deseo carnal…impureza…se le representa con una forma de tres cabezas, toro…hombre…carnero…montando un dragón infernal, simbolizando el poder…la lujuria…y la perversión.”
—Penélope…
—¡AAAAAA!.
Penélope pegó un grito y se sujetó el pecho, solo había sido una de sus compañeras qué entró al baño.
—Lo siento, no quise asustarte.
Penélope sonrió y negó. —Es mi culpa, estaba leyendo una historia de terror.
—A— dijo su compañera más aliviada. —A mí también me gusta leer ese tipo de cosas y soy re miedosa, ¿Qué lees?.
—Amm…—Penélope odiaba la lectura, prefería ver películas. —Caperucita roja.
—¿He?.
—Es una versión gótica, en fin, tengo que ir a trabajar— dijo para después salir a toda prisa del baño.
Mientras volvía a su lugar de trabajo, seguía leyendo en aquella página.
“Señales de una posesión:
– Cambios bruscos de personalidad
– Conducta s****l desmedida
– Deterioro del huésped
– Pesadillas u ataques durante el sueño.”
Penélope llegó a su escritorio y se quedó mirando la puerta de la oficina de su jefe.
“No puede ser”, se dijo así misma y negó, ¿Quién era la mujer con la que estaba?, ¿De dónde la había sacado?, ¿Era su novia?.
Una hora después, la rubia salió de la oficina acomodándose el vestido, y con una sonrisa en el rostro llena de satisfacción.
Penélope la miró con asco, parecía una vulgar.
—Hola…Qué alguien venga aquí.
Penélope miró el intercomunicador, ese era Aron, se levantó de golpe y se arregló el cabello, caminó rápido hasta su oficina, tenía que verlo de cerca, quería saber, ¿Dónde estaba su Arón?.
La puerta estaba entreabierta. Penélope la empujó con cuidado y sintió un escalofrío.
El aire… estaba helado, entró con cautela y lo miró fijamente.
—Acércate, Cierra la puerta— ordenó él sin siquiera mirarla.
Aarón estaba acomodándose la camisa dentro del pantalón con movimientos tranquilos.
Penélope tragó saliva y cerró la puerta.
Algo no encajaba, su postura, esa actitud.
Él se giró y la miró de arriba abajo, se lamió los labios y Penélope sintió un golpe en el pecho.
Esos no eran los ojos de su Aarón.
No había esa luz amable que siempre la hacía sentir… segura.
Más bien parecía un depredador salvaje qué saboreaba un trozo de carne.
—¿Eres la pequeña fisgona, no?.
—Lo siento…yo no quería…no quería..
Arón agitó la mano como si no le importara en absoluto que ella lo hubiera visto en pelotas.
—Dime algo, pequeña humana —dijo, apoyándose contra el escritorio—. ¿Qué haces tú aquí?.
Penélope parpadeó. —Usted me llamó, yo…
Él sonrió. —Tu función, tu utilidad, tu propósito en este sitio lleno de criaturas trajeadas, a eso me refiero.
Ella tragó saliva. —Yo… soy su asistente personal, señor.
Aarón ladeó la cabeza, pensativo.
—Ah… —asintió lentamente—. Entonces eres como… mi lacayo.
“¿Lacayo?”.
Aarón jamás hablaría así.
Él siempre decía “gracias”, “por favor”, “buen trabajo”.
Ese hombre valoraba a su equipo.
Este…frente a ella, ¿Quién era?.
—¿Se encuentra bien, señor? —preguntó ella dando un paso al frente, “¿Debería rezarle un rosario?, ¿Cómo iba eso?...padre nuestro, dame tu pan…danos un pan…mierda”
Él dio un paso hacia ella y el aire se volvió más frio, ella casi podía ver su aliento salir de sus narices.
—Nunca me he sentido más vivo, este lugar huele a...— él respiró hondo. —vida.
Su voz vibró en el pecho de Penélope.
Ella dio un paso atrás sin notarlo.
Él lo notó, ese miedo dentro de ella, era algo que le fascinaba.
—Ponme al día —ordenó rompiendo el ambiente —. Quiero saber todo lo que este cuerpo tiene pendiente.
Penélope se acercó al escritorio con la tablet temblando entre las manos.
—Tiene una reunión a las once con el señor Fonseca …
Él la interrumpió levantando un dedo.
—No puedo escucharte.
La miró fijamente.
Penélope sintió que su piel se erizaba.
Como si algo dentro de esos ojos estuviera intentando… entrar dentro de ella.
—Respira —dijo él, casi divertido—. Tu corazón suena como un tambor de guerra.
Ella dio un paso atrás otra vez.
Su Aarón jamás la haría sentir miedo.
—Pero no me mires así— dijo él enderezándose
Penélope se quedó helada.
—¿A-así cómo?
Él dio un paso hacia ella.
—Como si hubieras visto un demonio— dijo para después sonreír de una manera que daba miedo.
El silencio llenó la oficina.
Penélope sintió que el piso se alejaba de sus pies y empezaba a flotar sin aire en los pulmones.
Y en ese instante, las luces parpadearon.
Y por una fracción de segundo…
Penélope juraría haber visto una sombra con cuernos proyectada detrás de él.
“¿Qué carajos hice?”.