...
Después de clases regresé a casa y me encerré en mi habitación todo lo que restó de la tarde, hasta que, por hambre, tuve que salir. Había estado evitando toparme con Luis, esto sin razón... bueno, la razón es que él me pone de mal humor, al mismo tiempo nerviosa e incómoda. No sé, es raro y no me gusta lo raro.
Fui a la sala y me encontré con un silencio rotundo. Para tanto silencio solo hay una explicación y es que salieron.
Unos minutos después llegaron.
-¿Qué ves? -preguntó Thomás, sentándose a mi lado.
-Los Bridgerton.
-¿De qué trata?
-De una familia muy grande, en no sé qué siglo, y de cómo eran las cosas en ese tiempo. No sé resumir series, pero básicamente eso es lo que sé. Apenas voy por el segundo capítulo -contesté.
-Okey, iré a bañarme y regreso a verla contigo -se levantó y se fue por el pasillo.
Le puse pausa a la serie y fui a lavar el plato sucio a la cocina, donde, al entrar, me encontré de frente a un sudado Luis.
-¿Me das espacio?
-Mmm, no -dijo sin moverse.
-Luis, ya deja de molestarla -dijo Sandro desde el desayunador.
Luis solo se rió para luego marcharse.
-Realmente disfruta molestarte.
-Será que sí... siento que me odia.
-Al contrario, le agradas.
No me lo creo.
-¿Cómo les fue en el gimnasio? -pregunté, cambiando el tema. No tengo ganas de hablar más de él.
...
-No deberías ver esa serie; hay mucho... ya sabes.
-¿Por qué no debería?
-Es que estás chiquita -contestó Thomás.
Me reí.
-¿Cuántos años crees que tengo?
-No los suficientes para ver tanto sexo.
-Creo que pasas mucho tiempo con Daniel; ya hasta suenas como él.
Thomás arrugó la nariz.
-Es que Daniel nos habló mucho de ti. Básicamente describió una niña y, claro, ya al verte me di cuenta de que no es así, pero no sé, creo que ya te había visualizado así.
-Los entrenó bien, parece ser que ahora tengo cinco hermanos.
-Al menos sabes que tienes quienes te cuiden.
No lo había visto así.
-Sí, por ese lado puedo estar tranquila.
-¿Cómo te fue en la fiesta de ayer? Vi que llegaron muy temprano.
-Me fue bien. Era la primera vez que tomaba y siento que lo logré manejar, y me habría quedado más si no fuera porque el aburrido de Luis me dijo que regresáramos. Yo pensé en quedarme, pero como Daniel lo había mandado a acompañarme, no quise molestar más.
-¿Eso te dijo? -dijo Thomás.
-Sí. ¿Por qué?
-No, por nada.
-¡Ey, no! Usted sabe algo, ahora dígame.
-¡Ojo! Yo te dije nada, pero yo no escuché que Daniel le dijera nada. Ahora, puede que se lo haya dicho por mensaje, no sé -se encogió de hombros.
-Entonces tenía otras razones para ir.
-Sí, puede que solo fuera a vigilarte.
-A molestarme, dirás.
-¿Qué te hizo?
-Vigilarme y, cuando vio que por fin estaba haciendo amistad con alguien, me dijo que nos fuéramos. Y eso que a mí me pareció que él se la estaba pasando bien en la fiesta.
-Sí, a mí me extrañó que regresaran tan temprano. Pero bueno, en fin, a la próxima fiesta vas con nosotros, así el abuelo de Luis no te arruina la fiesta.
-Está bien, de fijo -contesté.
-¿Quién dijo fiesta? -preguntó Sack, sentándose a mi lado en el sillón.
Daniel, Sandro, Thomás y Luis salen de sus habitaciones y se sientan con nosotros en la sala.
-Le decía a Annie que la llevaremos con nosotros a la próxima fiesta.
-Deberíamos hacer una fiesta nosotros -dice Sack.
-Sí, sería bueno hacer una fiesta de inicio de año.
-Podríamos hacerla el sábado.
-¿El sábado viene Alana? -le pregunta Daniel a Luis, quien niega con la cabeza.
¿Alana?
-Entonces, perfecto, el sábado será. Mañana les diremos a los del equipo -dice Sack-. Y Annie, dile a unas amigas.
-¿Amigas? Recién llego, me estás pidiendo mucho -digo con tristeza.
-Solo jugaba -pasa su brazo por encima de mi hombro y me da algo parecido a un abrazo.
Miro a Daniel para ver su reacción y se encuentra arrugando la nariz con asco.
Me limito a reír.
-¿Cuándo son las pruebas de los equipos? -les pregunto.
-Son este miércoles y viernes. ¿Piensas hacer pruebas de alguna disciplina?
-Me gustaría jugar futsala.
Thomás pone cara de sorprendido.
-Debes ser buena; en algún lugar debe estar el talento de tu familia, ya que en Daniel no está.
-¡Ey! Daniel no es tan malo -dice Sandro.
-Cuando está en la banca lo hace bien -dice Luis.
-Dormido lo hace mejor -agrega Sack.
La cara de Daniel es un poema.
-¿Ah, sí? -Daniel empieza a jugar a que les tira sudor de su camisa.
Es momento de huir.
Me levanto del sillón, esperando pasar desapercibida, pero mi hermano me agarra y me da un abrazo, mientras restriega su cara en mi cabello, dejándolo más que sudado.
-¿Pero y yo qué hice?
-Bien que te vi disfrutando que se burlaban de mí.
-OBVIO -le digo riéndome-. Mentiras no dijeron, el talento y la belleza me la quedé toda yo.
-Esto es culpa mía, chicos. Cuando Annie estaba pequeña se me cayó.
Mentira no es.
Muerdo su brazo y me suelto de su agarre y me tiro en el sillón, mientras me limpio el sudor de la cara e intento peinarme un poco.
-Y bueno, ¿a qué horas son las pruebas el miércoles?
-Me parece que son a las 6:00 p. m. -contesta Thomás-. Si quieres, te puedo acompañar para que no te sientas sola, ya que es la primera vez.
-Tan preocupado él -dice Luis, a lo cual él lanza una risa maliciosa.
-Nosotros también podemos ir a cuidarte, no vaya a ser que te pase algo en el entrenamiento -agrega Sack, señalándose a él y a Sandro.
Ya entendí, van a ver a las chicas.
-Diay no, yo también, no vaya a ser que piensen que soy un mal hermano.
-Qué lindos todos, tan preocupados.
Ellos solo se ríen.
Por lo visto, el único que no irá es Luis. Supongo que tiene cosas mejores que hacer, como, qué sé yo, matar conejos, quitarle la cabeza a peluches... no sé, cosas de gente mala.
Al final no importa. Lo importante es que no iré sola a las pruebas y que, si todo sale bien, podré ser parte del equipo de la U. En eso debe estar mi mente, me debo enfocar.