-Toma -me dice, y me entrega una botella vacía-. Cada vez que tomes licor, luego toma agua. No sé realmente cómo funciona, pero evita que te emborraches rápido. Segundo: no tomes sentada y, de hacerlo, trata de no levantarte rápido de donde estés. Cuando sientas que ya fue suficiente, es porque lo es. Tú más o menos calculas y, si te da sueño, te venís para mi habitación, cierras por dentro por cualquier cosa y te acuestas a dormir. Pero no creo que llegues a ese punto.
-Listo.
-Bueno, ahora vamos a divertirnos.
Al salir de la habitación, miro hacia la puerta y siento cómo un hormigueo recorre mi cuerpo, y el responsable de eso es el chico de mi clase, que creo que se llama Byron.
Hasta el nombre es bonito.
Este, al notar mi mirada, me sonríe. Siento mi estómago revolverse y mis mejillas arder.
Trato de que no note que babeo, así que me doy vuelta y voy a la cocina a servirme otro shot, mientras que a mi lado llega un chico y toma la botella.
-¿Te sirvo? -me dice.
Asiento y acerco el vasito a él, mientras presto mucha atención para asegurarme de que no eche nada. Uno nunca sabe.
...
-Aún no lo tomes, quiero tomarme uno contigo.
El chico toma otro shot y se sirve.
-Arriba, abajo, al centro y pa' dentro.
Lo imito y me tomo el trago. Trato de no arrugar la cara, pero mierda, sabe horrible.
-¿Qué estudias? -le pregunto.
-Estudio Ingeniería en Sistemas, ¿y tú?
-Terapia Física. Mi carrera no suena tan chiva como la tuya.
-Igual lo es, si te apasiona.
-Mmm, no me apasiona tanto... aunque tampoco era tan mala idea, pero bueno.
-A mí mi carrera sí me gusta y ya pronto la terminaré; este es mi último año -dice con una sonrisa.
La verdad, tiene linda sonrisa. Es un chico alto, con ojos de un color café claro, de contextura atlética. La verdad sí es lindo.
-¡Annie! Ven un momento, por favor, para mostrarte algo.
Le sonrío y me alejo del chico para ir donde mis amigas.
-¿Qué pasa?
-No es nada, solo te queríamos salvar de tu muerte.
-¿Muerte?
-Obviamente no lo sabes, pero él tiene novia y es súper celosa, y él, bueno... le da muchas razones para que ella sospeche que le es infiel.
Trago saliva. Mierda, en la que me pude haber metido.
-Gracias, porque sí, no tenía ni idea.
-Para eso estamos. Bueno, ¿vamos a jugar?
-Vamos.
Voy a la sala y me siento en el suelo junto a las chicas.
Una chica habla:
-Los que quieran jugar, vengan ya, que vamos a empezar.
Byron y otro chico vienen y se sientan, ayudando a formar el círculo. Una vez que todos los que van a jugar se sientan, incluyendo, para mi sorpresa, a Luis, la chica continúa:
-Jugaremos "Qué probabilidad hay".
Miro cómo algunos sonríen con malicia, y yo por dentro estoy cagadísima.
Porque, obvio, si me ponen algo muy extremo y me sale que tengo que hacerlo, tendré que desertar. Obvio, mientras sea algo muy extremo, pero tengo miedo. Siento que me está dando taquicardia y ni ha empezado.
La chica gira la botella y el juego comienza y, tras varias vueltas, la parte trasera de la botella me señala y la parte de la tapa señala al chico que ha estado toda la fiesta con Byron. Pero eso no es todo: el chico, al detenerse la botella, deja salir una risa maliciosa.
¡Mierda!
Trago saliva, respiro hondo y trato de mantenerme normal, que no se note que estoy temblando.
-Annie, ¿cierto?
Asiento.
-¿Qué probabilidad hay de que beses a Byron por más de un minuto?
No sé por qué lo veía venir.
-A la cuenta de tres, ¿va? Uno, dos y tres.
-Uno -dijo, mientras que yo dije "tres".
Me había salvado de besarlo frente a todos. Y no malinterpreten: claro que lo quería besar, solo que no quería hacerlo frente a todos.
El juego continuó y, después de un rato, me aburrió, así que decidí levantarme e ir al patio. Un rato después, Gabriela llega y se sienta a mi lado.
-Creo que Byron quería besarte.
-¿Tú crees? Puede que el amigo solo lo quisiera molestar -contesté.
-Yo no pienso que fuera así. Creo que más bien el amigo lo estaba ayudando.
-Ojalá, porque es muy lindo.
-¿Quieres ir adentro a bailar?
Negué con la cabeza. Me encuentro un poco mareada, así que mejor me quedo un poco más aquí.
-En un rato entro -contesté.
Saqué mi teléfono y empecé a ver mis r************* hasta que alguien se puso junto a mí y, al verlo, me di cuenta de que era Byron.
-¿Tan aburrida está la fiesta, que prefieres usar el teléfono?
Le sonreí.
-No es eso. Es que no estoy acostumbrada a beber y ya estoy un poquito tomada. Solo necesitaba tomar aire. ¿Pero tú qué haces acá afuera?
-Allá todos están tomados y vi a una chica muy linda salir, así que vine a buscarla.
-¿Entonces crees que soy linda?
-¿Y quién no? Es una lástima que el juego no me ayudara a besarte.
-El juego no era necesario. Si querías besarme, lo podías hacer.
-¿Y ya perdí la oportunidad? -preguntó, acercándose a mí.
Acorté un poco la distancia y, a centímetros de su rostro, negué con la cabeza.
Sentí su respiración cerca de mi boca y cerré los ojos, pero antes de poder sentir sus labios, una voz me percató de que eso no pasaría.
-Tenemos que irnos.
Lo miré mal y le sonreí a Byron.
-Luego te veo, ¿sí?
-Claro -me dijo, para luego besarme en la mejilla y marcharse.
-Eres un idiota, ¿sabes?
-¡Ay! ¿Arruiné tu besito con ese idiota? Por eso no te preocupes: de esos hay en todas las fiestas -dijo antes de meterse al auto y cerrar la puerta.
-Mientras no sean como tú, todo es bueno -contesté, montándome al auto.
Me puse el cinturón y me dispuse a mirar el teléfono.
-¿Ah, sí? Entonces, para ti, cualquier otro es mejor que yo.
-Básicamente, sí.
-Entiendo -contestó con una sonrisa que no logré identificar si era de burla, enojo u otra cosa, pero no pude evitar sentirme preocupada.
Al llegar a casa bajé del auto y fui hasta la puerta principal, percatándome de que no traigo conmigo las llaves.
Luis vino a la puerta y metió la llave, pero antes de abrir la puerta se me quedó viendo.
-Hoy te veías muy linda -dijo.
Abrió la puerta para luego meterse a la casa e ir directamente a su habitación, mientras yo estoy acá afuera preguntándome qué pasa en su cerebro para que actúe de esa manera.
Fui a mi habitación y me encerré hasta el día siguiente.