La señora Haward abrió y cerró la boca varias veces, pero no logró articular palabra. Se quedó de pie, mirando fijamente a Jason.
—Lo siento, pero no es culpa mía. No sueles tener mujeres paseándose por tu casa, así que pensé que se habían colado —se justificó antes de sentarse en el sofá.
Jason frunció el ceño ante aquella excusa, pero decidió pasarlo por alto. Sabía que su madre las había echado de la casa porque no las consideraba dignas de estar allí.
—Mamá, ¿a qué se debe esta visita sin previo aviso? —preguntó mientras tomaba asiento en el sofá de enfrente.
—Necesitaba aclarar algunas cosas para poder brindarte todo mi apoyo. Pronto tendremos que presentarlos a ti y a tu esposa ante el mundo, y sería conveniente que la conociera mejor antes de eso. Por ejemplo, de qué familia noble procede y a qué se dedica.
El semblante de Jason se ensombreció.
—Aunque debo admitir que estoy un poco sorprendida. ¿Cuánto tiempo llevan saliendo?
—Será mejor que vayamos a mi despacho. No deberíamos hablar de esto en la sala.
La señora Haward aceptó y lo siguió.
Ya en el despacho, ambos se sentaron en el sofá. Jason la observó en silencio, preguntándose por qué de repente mostraba tanto interés en sus asuntos. Por lo que recordaba, nunca antes le había importado nada relacionado con él.
—Mamá —la llamó con expresión inquisitiva—, ¿por qué has venido realmente a preguntarme todo esto? Nunca te habías interesado en mis asuntos.
—Es cierto, pero nunca tuve que preocuparme por ti porque sabía que mi esposo se encargaba de todo lo relacionado contigo. Me concentré en James y Mirenda porque no quería que se sintieran desatendidos.
Jason frunció el ceño. Aquella explicación no tenía ningún sentido para él, pero prefirió no insistir.
—Está bien.
—Bueno, no hay mucho que contar sobre mi esposa, salvo que me rescató —explicó.
No tenía intención de confesarle que había despertado casado con ella y que solo la había reconocido como su esposa porque el señor Haward se lo había pedido.
—¿Te rescató? ¿De qué?
La señora Haward dudaba de que Jason le estuviera diciendo la verdad.
Él guardó silencio durante unos instantes. No sabía qué responder y buscó una explicación que ella pudiera creer.
—Lo siento, mamá. No puedo contártelo. Es vergonzoso. Esa es otra de las razones por las que me casé con ella. Si está conmigo, puedo vigilarla y asegurarme de que no se lo cuente a nadie.
Se levantó y se dirigió al rincón donde guardaba las bebidas.
—¿Té? —preguntó mientras se preparaba una taza.
—No.
La señora Haward reflexionó sobre la respuesta de su hijo.
«¿Qué puede ser tan vergonzoso como para que Jason haya tenido que casarse con esa chica para mantenerlo oculto?»
Posó la mirada en su espalda mientras él preparaba el té.
«La única forma de averiguarlo será cuando todos nos mudemos aquí. Si no quiere decírmelo a mí, tal vez termine contándoselo a Mirenda o a James».
—Está bien, pero ¿de dónde es? —preguntó cuando Jason regresó al sofá.
—De Belle Glade.
La señora Haward frunció el ceño.
—¿Qué familia noble procede de allí?
—Ninguna. Ella no pertenece a una familia rica. Es huérfana y ya te he explicado por qué me casé con ella.
—Está bien. Mañana volveré a casa. Espero que tu hermano James no haya convertido el lugar en un club —comentó con una risita.
Jason mantuvo la expresión seria. Ambos se levantaron del sofá y se dirigieron a la puerta.
Jason ordenó a uno de los sirvientes que preparara una habitación para su madre y fue a comprobar cómo estaba Julia. Llamó a la puerta, pero esta no estaba bien cerrada y se abrió con el toque.
Desde el umbral, la vio dormir plácidamente en la cama, con la lámpara de noche todavía encendida.
Entró y se acercó despacio. Al parecer, se había quedado dormida mientras leía: aún sostenía el libro abierto en una mano y la cobija estaba arrinconada en algún lugar de la cama.
La mirada de Jason recorrió el rostro dormido de Julia y descendió por su cuerpo. Bajo aquella luz, su piel parecía resplandecer. No pudo evitar admirar su belleza.
Le quitó el libro de la mano con cuidado para no despertarla. Ya sabía que ella le tenía miedo. Después recogió la cobija y la cubrió.
De pronto, tuvo la sensación de que alguien lo observaba. Se volvió hacia la puerta, pero no vio a nadie.
Apagó la lámpara, salió de la habitación y cerró con suavidad.
Tilly regresó de puntillas a su cama. Había salido de su habitación para buscar agua cuando vio abierta la puerta de Julia. Se acercó con la intención de cerrarla, pero encontró a Jason dentro.
Se escondió detrás de la puerta y observó lo que hacía. Sin embargo, en cuanto vio que estaba a punto de volverse, se alejó deprisa.
«¿Qué hacía en su habitación?», se preguntó al acostarse.
En su habitación, Jason se dio una ducha y regresó al dormitorio para ponerse la ropa de dormir.
La imagen de Julia volvió a invadirle la mente y lo dejó inmóvil. Cerró los ojos en un intento por apartarla, pero solo consiguió empeorar las cosas: imágenes provocativas comenzaron a sucederse en su cabeza.
Salió del dormitorio y se dirigió al despacho. Encendió la computadora portátil y se puso a revisar unos archivos para distraerse.
A la mañana siguiente, la señora Haward abandonó el apartamento muy temprano y regresó al condominio familiar de Aventura.
Jason también salió de casa a primera hora para evitar encontrarse con Julia. Peter lo observó por el espejo retrovisor y se dio cuenta de que no había dormido.
—Jefe, ¿hay algo que le preocupe? —preguntó al tomar el siguiente desvío hacia la oficina.
—Limítate a conducir —ordenó Jason.
—Sí, jefe.
Sentado en la parte trasera del auto, Jason no dejaba de preguntarse por qué era incapaz de quitarse a Julia de la cabeza. Ella también era una mujer. Entonces, ¿por qué no podía tratarla como trataba a cualquier otra?
De vuelta en el apartamento de Jason, Tilly ya se encontraba en la habitación de Julia.
—Gracias —dijo Julia.
—¿Por qué?
—Sé que me quitaste el libro de la mano.
—¿Cómo lo supiste?
—Normalmente lo guardo debajo de la almohada antes de dormir. Esta mañana estaba en la mesita de noche, así que debí quedarme dormida mientras leía y tú... ¿Por qué te estoy explicando todo esto?
Julia continuó haciendo la cama.
«Ah, conque eso era lo que hacía en su habitación», pensó Tilly, aunque no pudo contener una sonrisa.
En Aventura, la señora Haward ya había llegado al condominio. Se cruzó con Mirenda, que salía de la cocina con una taza de café en la mano.
—Has vuelto, mamá.
—Sí, y todos nos iremos a vivir con Jason.
—¿Por qué? —preguntó James desde las escaleras.
No le gustaba la casa de Jason porque estaba llena de sirvientes hombres, mientras que todas las sirvientas permanecían en la cocina.
—Es parte del plan para recuperar la propiedad familiar —respondió la señora Haward.
—Entonces, ¿qué pasará con el condominio? —preguntó Mirenda.
—Buena pregunta. Tengo un plan, pero necesito su compromiso absoluto. ¿Están dispuestos a utilizarlo todo para recuperar lo que nos pertenece?
James y Mirenda alzaron una ceja y la miraron.