Han pasado tres días desde que el rumor sobre Nikolai empezó a expandirse como una mancha de tinta sobre agua limpia. No hay acusaciones formales. No hay investigaciones abiertas. Solo titulares ambiguos y “fuentes cercanas” que insinúan más de lo que dicen. Nada concreto. Todo calculado. Y aunque el ataque está dirigido a su padre, sé que el verdadero objetivo es Dasha. En casa, la seguridad ya forma parte del paisaje. Guardias en los accesos, cámaras nuevas, protocolos que antes solo existían en mis empresas y ahora rodean nuestra vida privada. No me pesa proteger lo que es mío. Me pesa que ella tenga que acostumbrarse a esto. Dasha está sentada frente a mí en la mesa del comedor, con una taza de café entre las manos. No la bebe. La sostiene. Su mirada está fija en un punto invisible

