LLEGO EL DÍA

1084 Words

La semana pasa sin pedir permiso. No se presenta como una cuenta regresiva evidente, ni como una espera cargada de dramatismo. Avanza con la normalidad engañosa de los días que parecen iguales por fuera y se reordenan por dentro. Trabajo, reuniones, correos, ajustes finales. Todo sigue funcionando. Demasiado bien. Como si el sistema —la empresa, las agendas, los acuerdos— se empeñara en demostrar que nada esencial ha cambiado. Pero cambia. Lo noto en los silencios. En la forma en que Dasha y yo compartimos espacios sin buscarnos y, aun así, sabiendo exactamente dónde está el otro. En los cruces breves de mirada que no se sostienen más de lo necesario. En las conversaciones que empiezan siendo técnicas y terminan con una pausa que no estaba prevista. No volvemos a hablar de Sergei. No

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