Me miro al espejo y sonrío. No puedo evitarlo. Me devuelven la imagen de una mujer distinta a la que fui hace un tiempo, distinta a la que alguna vez se vio atrapada entre sábanas ásperas en la cama fría de un hospital y tuvo que aceptar un matrimonio por contrato. Hoy no estoy en una habitación estéril, con luces blancas y olores a desinfectante. Hoy, frente a mí, la imagen es cálida, radiante, y me cuesta reconocer que esa silueta, ese vestido, esa sonrisa, son míos. El estilista da los últimos toques a mi peinado, un recogido bajo que cae con elegancia a la altura de mi nuca. Sus manos hábiles terminan de fijar un mechón rebelde y yo siento un cosquilleo, como si mi propio cuerpo supiera que este día no se parece a ningún otro. Anoche, cuando Nicoló me pidió renovar nuestros votos, no
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


