Me despierto sobre una superficie dura y fría. Ya es de día pero no es primera hora de la mañana, parece que el día está bastante avanzado. No parece que calculasen correctamente la dosis para dejarme inconsciente. Me encantaría no tener que ver de nuevo a esa familia que dejé atrás, pero sabía que ir a visitar a “mi padre”, podría ponerme de nuevo en su radar. Fui siendo consciente de que o bien tendría que huir de nuevo o entregarme para que no les hiciesen daño a las personas que más quiero en este mundo.
Intento levantarme, las piernas me tiemblan ligeramente, no puedo andar mucho por la celda en la que me tienen encerrada, han atado mi tobillo con una especie de esposas a la pared. A penas puedo moverme un metro. Estiro el cuerpo por hacer algo antes de sentarme de nuevo y apoyar la espalda contra la pared que está igual de fría que el suelo. Al menos no me han cambiado de ropa, mi chándal es medio abrigado.
Entiendo que no van a fingir como hacían antes, no va a darme una habitación cómoda en la que dormir y llorar después de ser su saco de boxeo. Ya no voy a tener privilegios, ya no soy más “su hija o su hermana”, no soy más que la hija de su enemigo, la niña que pensaron que podrían usar a su favor pero que ya no les sirve apelar a los años que pasé con ellos. Los odio tanto que tengo ganas de llorar. Pero no les voy a dar la satisfacción de hacerlo. No soy la misma niña que desapareció hace cinco años.
— ¿Estás despierta? – escucho la voz de un hombre desconocido. – Estoy en la celda de al lado, vi como te traían anoche.
— Buenos días, supongo.
— Me asombró ver una mujer, no hay ninguna otra en este lugar. – su voz se detiene. – Y llevo aquí casi dos años.
— ¿Es bonita? – pregunta otro. – A lo mejor si quieren torturarla nos dejan probarla.
Me recorre un escalofrío, con todos los tatuajes que tengo no sirvo para ser la esposa de ningún hombre de la mafia, mi cuerpo dejó de ser un lugar pulcro a los dieciséis años. No porque perdiese a la virginidad, lo intenté con River pero no eramos compatible de esa forma, pero a los ojos de la mafia estoy sucia, marcada por la tinta. El único tatuaje que debería llevar si me lo permiten es el de la familia a la que pertenezca.
— Imbécil. – le grita el de mi lado. – La chica ya debe estar asustada como para que encima tu hagas una broma de tan mal gusto.
— No estoy asustada. – le respondo al hombre. – Estoy furiosa, asustada de algo que ya conozco no estoy.
— No es malo admitir que tienes miedo.
— Ya he dicho que no tengo miedo. – mi acento se remarca sin querer. – Si quieres me crees, sino no lo hagas pero no me jodas.
— Que boca tienes.
La puerta de mi celda se abre, un hombre, en sus treinta y bastante atractivo, entra. El resto de imbéciles que me acompañan en este lugar se quedan callados. No lo conozco, hace cinco años que me fui pero solía conocer a todos los torturadores de mi padre. Cenábamos juntos, mi padre me dijo que a lo mejor algún día me casaba con alguno de ellos, pero este parece ser nuevo. No puedo mentir, es el torturador más atractivo que ese hombre ha contratado jamás.
— ¿Te importa mucho mi vocabulario?
— Es verdad que no tienes miedo. – se ríe, se queda a una distancia prudencial de mí.
— Ni que fuera la primera vez que me secuestran. – ruedo los ojos. – ¿Es tu turno de torturarme?¿de romperme para que haga lo que ellos quieran?
— ¿Ellos? No, no sé quien piensas que te tiene pero no es la mafia bosnia.
— ¿No?
— Rusa querida. – se acerca un poco más.
— ¿Me dejé atrapar por la mafia rusa?
— ¿Crees que podías escapar de mí?
— Soy una paranoica, llevo toda una semana viendo al mercedes viejo ese siguiéndome. – resoplo frustrada. – Puta mierda, esto es justo lo que me faltaba.
— Sigues sin tener miedo.
— Sigue sin ser mi primer secuestro, quieres torturarme pues hazlo ni voy llorar ni pienso gritar. Haz lo que te dé la gana. – me cruzo de brazos. – No sé que quieren los rusos de mí, hace cinco años que me desvinculé de la mafia y cuando aún era parte de ella tampoco me hicieron participe de la mierda.
— Solo quiero una ventaja con respecto a tu padre. – me río. – ¿Qué te hace tanta gracia?
— No tienes una ventaja, hace cinco años que me largué y no me ha buscado, ¿Crees que le importo algo?
— Te mantuvo en secreto.
— Ya, sigo sin importarle pero si quieres tenerme aquí pues allá tú.
— No eres una persona normal.
— No voy a llorar. – le repito. – Si lo único que vas a hacer es retenerme aquí, te agradezco que me dejes en paz.
— Volveré.
— ¿A golpearme? Así al menos será un secuestro de verdad.
— No voy a golpearte.
— Pues vaya.
El tipo de marcha no sin antes dedicarme una última mirada. Seguramente sea la persona más extraña a la que ha secuestrado, pero me juré no volver a mostrarme débil y no pienso llorar delante de nadie que no sea River. Me importa una mierda lo que pretenda hacerme el ruso de mierda este. Si lloro será involuntario, una reacción de mi cuerpo a lo que sea que me hagan. Pero sé controlar mis emociones.
Suelto un grito de frustración, podría seguir en casa con JP y mis padres adoptivos, pero por pensar que los estaba protegiendo ahora estoy con la mafia rusa. No, si yo paso de manos de una mafia a manos de otra. Menuda mierda de vida y de suerte que tengo. ¿Cuál era la probabilidad de que la mafia rusa me viese salir de la habitación de hospital de ese hombre? Estoy segura que bajisima, pero supongo que el tipo vigilaba a mi padre.
Me preocupé tanto en que ningún bosnio me viese, que me olvidé de los enemigos que tienen. Espero que el ruso sea el único que me haya visto porque si no menuda suerte que tengo. No me gusta ser la presa de más de una mafia. Suficiente tengo ya con huir de un lugar como para tener que huir de veinte.
— Pues va a ser verdad que no tienes miedo.
— Con esta me han secuestrado cuatro veces de veinte años que tengo. – resoplo.
Me secuestraron por, lo que yo pensaba era la primera vez, segunda vez cuando tenía seis años. No estuve mucho tiempo secuestrada, me encontraron bastante rápida si somos sinceros. Mis secuestradores eran imbéciles, en menos de seis horas había vuelto con “mi familia”. Volvieron a secuestrarme con doce años, un grupo bastante más organizado. De aquel secuestro salí con el corazón roto, me arrebataron a la única persona de ese lugar que sabía que si me amaba. El más pequeño de “mis hermanos” mayores, Mustafa, con veintitrés años intentó defenderme y le quitaron la vida. Aún recuerdo como pasó todo, aunque siempre evito hablar de aquella semana y media. Solo de pensar en él quiero llorar, ni siquiera hablo de él con mi psicólogo.
— Son muchas veces para una chica tan joven.
— Ya, cosas que pasan supongo. – me arropo como bien puedo. – ¿Por qué está usted aquí?
— ¡Ah!, por nada. – se ríe. – Soy primo de Malec, me emborraché demasiado anoche y me dormí en la celda vacía.
— Dijo que lleva dos años aquí.
— Por alguna razón me gusta venir aquí cuando me emborracho. – de repente puedo ver su cara a través de los pequeños barrotes de mi celda. – Mi primo me ha pedido que te cambie a la celda en la que estaba durmiendo.
— ¿Puedo al menos conocer tu nombre?
— Claro, soy Maxim.
— Nyx.
El tipo, igual de atractivo que su primo entra a mi celda. Sus ojos encajan más con mi nombre, se parecen a los de Laure con esa tonalidad tan oscura de azul, si los ves por la noche parecen dos cuencas negras pero son maravillosos.
— Siento que tengamos que usarte en contra de tu padre.
— Ya, si lo matáis me hacéis un favor.
— ¿Tan rota está vuestra relación?
— Tan rota que puedo asegurarte que no va a buscarme, no va a pagar una mierda ni va a reunirse con su primo. Me odia, igual que lo hacen sus hijos mayores. – me encojo de hombros y le facilito la tarea de quitar la esposa de la pared.
— Pues vaya, menuda putada.
— La vida. – le quito importancia. – Mira, aquí tengo cama.
— Por eso duermo en ella.
— Supongo entonces que es cómoda.
— Si, en un rato te traerán algo para que cenes. – resopla. – Agradeceríamos que nos contases cualquier cosa sobre tu padre.
— No sé nada de su vida desde hace cinco años, me gustaría ayudar pero no puedo hacerlo. Lo siento.
Se marcha sin decirme nada más, no es mentira. Si me preguntasen por mis supuestos hermanos mayores sería otro asunto, me he mantenido informada de su vida porque sabía que si alguien podía dar conmigo serían ellos. Siempre estuve alerta, sabía donde se movían y conocía sus círculos de amigos. Para mi desgracia, no seguían un horario establecido, aunque si que había cierto patrón en algunos de sus comportamientos.