Diana, la hermana pequeña de River, duerme plácidamente en mis brazos. No esperaba que esto pasase pero tampoco es una sorpresa. Después de la actuación, la familia de mi mejor amigo se acercaron a darme un bonito ramo de flores y aprovecharon para irse a cenar con Laure y Mason. Mientras, River, JP, Diana y yo nos quedamos en mi caravana viendo una película. La pequeña es siempre la primera en caer rendida, con diez años es una pequeña enérgica durante el día pero bien dormilona por las noches. Me gusta la energía que tiene Diana, contrasta con la figura relajada de su hermano, son una bonita combinación.
— ¿Cómo te están yendo las clases?
— Bien, lo llevo todo aprobado. – le sonríe JP a River. – No soy tan inteligente como Nyx pero no me va mal.
— Ser como ella es lo complicado. – se ríe. – No sabes lo que le picó a nuestra profesora de lengua que se graduase como la mejor alumna. – también me río.
A pesar de ser blanca, diría que soy el estereotipo de aria a excepción de mi cabello castaño, mi profesora de lengua odiaba que fuese extranjera. Era evidente que lo era, ya fuese con mi anterior apellido o con el que tengo ahora mismo, era más que obvio que no era estadounidense. Además, si no me mintieron y por las fotos que hay de esa época diría que no, viví mis primeros cuatro años de vida en Bosnia y a veces se me escapaba alguna palabra. Nuestra profesora de lengua era la típica extremista que nos echa la culpa a los extranjeros de todo lo malo que pasa, y bien mi familia es parte de la mafia pero existen también mafias locales. No toda la culpa es nuestra, su país va como la mierda por la venta indiscriminada de las armas, los casinos y si, las drogas que traen las mafias.
— River, ¿puedo hacerte una pregunta seria? – mi amigo asiente. – Siempre dices que Nyx te salvó, ¿cómo?
— Me llevó al extremo, me negaba a recibir ayuda porque pensaba que un chico con mi posición social no podía estar deprimido, ella me enseñó que la depresión no discrimina por clases. – suspira. – Sin ella nunca hubiese recibido ayuda, y mira que la llegué a tratar mal, pero nunca se rindió conmigo.
— Lo haría de nuevo.
— Sé que lo harías. – me abraza por los hombros. – Y yo haría lo que fuese por ti. – sonrío. – Tienes a la mejor hermana mayor del mundo, nunca lo dudes.
— No lo dudo. – me sonríe. – Te quiero Nyx.
— Yo también, por eso siempre tienes que recordar que nunca me iría sin despedirme.
— ¿Por qué me dices esto?
— Lo hemos dicho muchas veces, nadie sale de la mafia cuando nace en ella, es imposible. – resoplo. – Hasta ahora me han dejado huir, pero no será eterno.
— Te protegeré.
— Me proteges quedándote al margen JP, si te matan me mataré. – le advierto. – Te quiero vivo y lo más alejado de la mafia que puedas, aprecio la valentía pero no la estupidez. Conozco a mi familia JP. – se me atraganta la palabra familia. – Y si te enfrentas a ellos, te torturaran hasta que supliques por tu muerte, seguirán torturándote y cuando ya no te queden fuerzas ni para gritar te mataran.
— ¿Tan bestia?
— Si JP, porque yo suplicaba y nunca fueron más amables conmigo. – con cuidado de no despertar a Diana me acerco a él. – Mi brazo derecho está lleno de palabras para nunca olvidar que tan crueles son. Tus padres y tu me habéis comprado años de libertad, años que nunca esperé tener. Si me vuelven a atrapar, no me busquéis, si os matan nunca podré perdonármelo.
— No quiero que te vayas.
— Yo tampoco quiero irme JP, me encanta ser tu hermana mayor, por eso aún tengo la esperanza de que se hayan olvidado de mí. – sonrío para tranquilizarlo. – Aprovechemos todo el tiempo que tengamos para crear recuerdos, ¿si?
— Me parece buena idea.
— ¿Me puedo unir? – JP y yo asentimos. – Creo que es hora de que Diana y yo nos vayamos, ya es muy tarde.
— Os acompañaré.
— Yo prepararé las camas. – beso la mejilla de mi hermano menor. – Te quiero mucho, sé que como adolescente no te lo digo mucho pero de verdad.
— Lo sé, vuelvo enseguida.
Dejo a JP en la caravana. Contengo las ganas de llorar. Esta conversación debía tenerla antes o después. Llevo una semana viendo ese dichoso mercedes siguiéndome a todas partes, es cuestión de tiempo que se muevan y me separen de la familia que amo, a quienes me dieron más tiempo pero sobre todo me concedieron una libertad que pensé jamás tendría.
En silencio salimos hasta las afueras del recinto en el que nos quedamos mientras estamos aquí, pagamos alquiler por este lugar, pero nos hacen precio por mi amistad con River. En esta vida sino aprovechas las ventajas y las conexiones que tienes eres estúpido. Lo aprendí del que pensé que era mi padre. Ahora lo odio tanto, antes me negaba a odiarlo porque pensaba que era el único que me quería y que me echaba de menos. Ahora que se la verdad, no puedo más que odiarlo por separarme de mi familia. Anhelo tanto saber a donde pertenezco, quien soy, si tengo más familia, si mi verdadera familia aún llora mi perdida. Quiero saberlo todo y no sé por donde empezar porque no tengo ninguna información.
— ¿Estás bien?
— Procesando algunas cosas aún.
— Estoy investigando, en cuanto encuentre algo te avisaré.
— Me tuvieron que robar en Bosnia, River, viví mis primeros cuatro años en mi país de origen.
— Va a ser un poco más difícil, pero eres una persona paciente, encontraré algo Nyx.
— Confío en que así será.
Meto a Diana en el coche, abrocho su cinturón de seguridad y me despido de ella con un beso en la frente. Diana nos devolvió la vida a mí y a River. Si bien había pasado por varios psicólogos cuando conocí a River, y podría decir que era feliz con mi nueva familia, era paranoica. Conocer a Diana me enseñó una nueva realidad, nunca dejé de lado toda la paranoia pero entendí que tenía que aprovechar al máximo cada oportunidad que me daba la vida, por el tiempo que me dieran. Diana podría morir antes de los veinte o en ese entonces podría haber muerto en cualquier momento, el cáncer se la podría haber llevado pero ella no vivía condicionada por la enfermedad. Era una niña llena de vida aunque en ese momento se la estuviesen drenando. No es como si me curase de inmediato, pero conocerla me enseñó una valiosa lección en ese momento.
— Llamame si lo necesitas. – besa mi mejilla. – Nunca creas que tus problemas son menores que los míos, tu me ayudaste a lidiar con mis demonios y gracias a ti estoy recibiendo ayuda, así que para mi tus problemas son importantes.
— Yo también recibo ayuda. – le recuerdo mi sesiones con la psicóloga de forma online. – Conduce con mucho cuidado y mándame un mensaje cuando llegues a tu casa.
— Siempre lo hago. – me sonríe. – Te quiero.
— Volim te. – le respondo en mi idioma y le sonrío antes de que se marche.
Veo el coche desaparecer, me quedo algunos minutos más observando la noche. Es una bonita noche de octubre, ya hace bastante frío a estas horas. Nunca he sido una persona especialmente friolera, no como River que en cuenta los termómetros bajan de quince grados ya se está poniendo sus gabardinas con pelo o sus enormes abrigos que me agobian solo de verlos. En casa la temperatura del aire acondicionado siempre era demasiado baja, mi “padre” decía que le recordaba a casa y nunca ninguno de nosotros se atrevió a tocar el termostato.
Me quedo observando la noche, hace unos años me dio por investigar mi nombre. No es de origen bosnio como si eran los de mis supuestos hermanos mayores. Me llamó la atención tener un nombre con otro origen. Proviene del griego antiguo significa literalmente noche y hace referencia a una figura de la mitología, la diosa de la noche. Nunca he entendido bien porque me pusieron ese nombre, si acaso mis ojos fueran de un azul oscuro, pero son tan cristalinos que me hubiese venido mejor algún nombre como Sky o Mar. A lo mejor si conociese a mis verdaderos padres podría preguntarles por su elección. Me parecería bien incluso que me dijeran que lo vieron en una revista de bebés y les encantó.
Me doy la vuelta con la intención de volver dentro del recinto. Claro, esa era mi intención pero no la del hombre que lleva una semana siguiéndome. No grito ni me resisto, ¿para qué? No voy a conseguir más que maten a personas que me importan. Las personas del circo son importantes para mí, me dieron un lugar seguro en el que sentirme como en casa. Nunca los pondría en peligro de forma consciente.
Ni siquiera me sobresalto cuando me clava algo en el cuello, algo para dejarme inconsciente. Cualquier secuestrador con un par de dedos en la frente me dejaría inconsciente para tener menos problemas con el transporte. Y lo agradezco, prefiero no sentir esa ansiedad por volver al lugar del que pude huir. Volver es retroceder, pero siempre supe que la posibilidad de salir de mafia es nula. Venga, era la “única” hija, podía ser usada como unión o podía seguir siendo un saco de boxeo para “mis” hermanos. Al menos pude despedirme de mi niño grande, al menos él sabrá que no lo he abandonado, me han separado de él. Yo nunca lo abandonaría de forma consciente, nunca me iría sin decirle que pronto nos veríamos de nuevo. No me gustan las despedidas, pero nunca me iría sin hacerlo.