Capítulo 5

1824 Words
Desde lejos observo al coche que lleva siguiéndome un par de días. Él cree que no me di cuenta de su truco barato en la cafetería. Puede que solo pasase quince años de mi vida en la mafia, pero aprendí bastante esos años, aprendí tantas cosas que ni siquiera me inmuto al escuchar un disparo o una amenaza. Puede que ellos y yo nos hayamos convencido de que siempre fui un pequeño cordero asustado, pero hay que ser realista, me gusta tener poder. Me gusta amenazar para conseguir lo que quiero, me gusta resultar una amenaza para las personas. No soy buena persona, solo soy protectora con quienes amo, y las injusticias me importan una mierda siempre y cuando no les ocurran a esas personas que tienen un hueco en mi corazón. Lo tengo escrito en el cuerpo, varias veces además, una vez en la mafia nunca saldré de ella. Aunque me aleje, aunque me niegue esa parte de mí y finja ante los demás que soy una pobre chica que sufrió un infierno. La verdad es que aunque es cierto que lo sufrí, haría sufrir a mis enemigos de la misma forma en que me lo hicieron a mí, y no sentiría ningún remordimiento al hacerlo. Apago el porro que me estaba fumando, sé que no debería hacerlo. Sé que tendría que mantenerme alejada de las drogas, pero seamos sinceros, he pasado por demasiada mierda y por suerte no soy una adicta. Fumo cuando me desconcentro, cuando la vida me sobrepasa, igual que hacen mis compañeros de carrera. Tenemos que estudiar demasiado, a veces se nos cierran los ojos y no nos podemos permitir esas horas de sueño perdidas. Todos las hemos usado alguna vez para aumentar nuestra concentración, nuestra resistencia o alargar la hora de irnos a dormir. Sabemos que no está bien, alguna vez hemos colapsado pero necesitamos una ayuda. No está bien, no lo justifico, no dejaría que JP probase una droga en su vida, pero no me importa que otros lo hagan. Me siento en uno de los bancos del parque cercano a la universidad, hago la carrera online pero cuando estoy en la ciudad intento ir a las clases para hacer preguntas de forma presencial y no por tutorías online en las que a veces no puedo escuchar bien al profesor por la mala conexión. Mientras me hago la estúpida pienso en mis opciones, realmente no tengo ningunas. Si me están siguiendo es porque quieren conocer mi rutina y secuestrarme. Quieren recuperar la ventaja que tenían al tenerme como su hija, hermana menor y saco de boxeo. No sé que tan poderoso sea mi padre biológico para arriesgarse a secuestrarme de nuevo. Pero sé que sino lo hacen, le harán algo horrible a JP, Luare y Mason. Nunca me personaría que las personas que me compraron cinco años de libertad les pasase algo. No es justo, ellos solo quisieron ayudar a una niña que estaba a punto de morir. Estoy siguiendo una rutina que los aleja de mi familia, no quiero que les hagan daño. Esta no es mi rutina diaria, nunca lo ha sido pero ahora necesito convencerles de que lo es. Necesito alejarlos de ellos y centrar toda su atención hacía mí. Necesito que se olviden de que tengo una nueva familia. Solo son artistas de circo, no suponen un riesgo real para la mafia. Ellos no han hecho nada, y yo no hice más que nacer en medio de una guerra entre mafias bosnias. No es que haya tenido mucha suerte en la vida, aunque seguro que hay personas con peor suerte que yo. — Esta semana te he visto en clase más que ninguna semana. – un chico de mi clase, Jules, se sienta a mi lado. – ¿Estás bien? — He visto semanas mejores, pero si, estoy bien. — Tienes los ojos rojos. — Estoy esperando que se me pase el efecto para volver a casa. — ¿Has fumado mucho? — Un porro, necesito mantenerme alerta. — Esta noche actúas. — Claro, es viernes. — ¿La gente no se aburre de ir a veros? — Estaremos dos meses sin actuar después de este fin de semana, vienen de otras partes del Estado para vernos. – me encojo de hombros. – ¿Por qué te has acercado a hablar conmigo? — Parecías muy distraída. — Ya, cosas que pasan supongo. – me levanto del banco. – Bueno, ya nos veremos. — Oye, quería preguntarte una cosa. – me detiene antes de que me vaya. – ¿Te apetece quedar a tomar un café? — No te lo tomes a mal, no quiero amigos o pareja. — ¿Por qué? — Es una decisión personal que no tengo porque compartir contigo. – me detiene antes de que pueda marcharme. – No me toques. — ¿No escuchas lo que dicen en clase? Soy el mejor partido que vas a encontrar. – ruedo los ojos. – Te crees mucho por ser bonita y te recuerdo que estás medio sorda. — Soy mucho para ti. Agarro su mano con la suficiente fuerza y la retuerzo utilizando mi cuerpo. No se la parto, no quiero problemas legales de los que no voy a poder salir. Lo que me faltaba ahora es meterme en problemas de los que ni el padre de River pueda sacarme sin poner en riesgo su reputación. No es que sea el político más limpio, pero j***r, al menos se preocupa por los jóvenes con problemas mentales y en situación de vulnerabilidad. Ayuda, aunque también robe, podríamos tener un gobernador mucho peor que él. — ¡Qué te den! – le grito. No corro hacia mi coche, no le tengo miedo. Soy más lista que él, tengo mayor instinto de supervivencia del que él tendrá jamás. Viene de una familia bien acomodada, y por lo que he oído de su propia voz, hijo único y el niño dorado de sus padres. Yo crecí con hermanos mayores que aprovechaban cada momento del día que tenían para darme palizas e insultarme. Para mi desgracia tuve que desarrollar tanto como me fue posible mi instinto de supervivencia. No me sigue, como esperaba, muy posiblemente sus amigos estuviesen cerca y ya ha sufrido demasiada humillación como para seguir detrás de mí. Los chicos siempre van en manada, temiendo lo que puede pasarles si van solos, y anticipando lo que pueden hacer si van todos juntos, representan una mayor amenaza así. Me subo a mi coche, conduzco sin un rumbo específico, sigo la carretera por propia inercia hasta llegar a lo que parece ser un terreno baldío y abandonado. Aparco el coche en el centro, si el imbécil que me sigue quiere verme tendrá que subirse al edificio cercano o exponerse a que lo vea. Y es muy bueno en su trabajo como para dejarse al descubierto. Su problema es que soy una paranoica y llevo años esperando que me encuentren, vivo en un modo de alerta y supervivencia constante, aunque no pueda hacer nada para evitar que me vuelvan a meter en su mundo de mierda. Al menos puedo decir que lo intenté. Dejo que las lágrimas fluyan, dejo de retenerlas para no alarmar a JP, Laure y Mason. Es suficiente que River sepa lo destrozada que me dejó la declaración de quien pensé era mi padre, no lo es. Soy bosnia, pero ya no soy la chica que pensaba. Soy una niña robada, un matrimonio no sé si feliz o no, me ha estado buscando por años. Puede que fuese su única hija, como puede que tuviese varios hermanos. No lo sé, y eso es lo que me aterra, el desconocimiento sobre quien soy me aterra. Pensaba que tenía claro quien era pero ya nada es claro. — ¿Quién mierda soy? – le grito a la nada. – ¿Por qué? Yo… yo solo quería una puta vida normal, fuera de la mierda en la que me tocó vivir. – me dejo caer de rodillas a la tierra. – ¿Es tan difícil? Solo quiero ser la hermana mayor de JP, es lo único que quiero ser. – susurro, casi ni me escucho. El sonido de mi teléfono me distrae de mi dolor, intento apresurarme a contestar. Si es alguno de mis padres adoptivos lo mejor es contestar, se preocuparan sino lo hago. Hace casi cuarenta minutos que tendría que haber vuelto, seguro que están preocupados. — Laure. – pronuncio el nombre de mi madre adoptiva como si no estuviese llorando. — Bambalina, ¿te queda mucho para llegar? — No, ¿por qué? — En quince minutos empiezan los ensayos. — Sranje , se me olvidó. – me pongo de pie y subo a mi coche. – Llego enseguida. — ¿Pido que te esperen? — Cinco minutos, y disculpate de mi parte. – resoplo. – Lo siento, se me había olvidado. — No te preocupes. Llego sudando al ensayo, me regañan un poco aunque son bastante indulgentes conmigo porque es la primera vez que llego tarde a un ensayo. Mi compañero habitual se esfuerza en no cometer los pequeños fallos que ha estado cometiendo. Creo que no soy la única con demasiadas cosas en la cabeza últimamente. Por suerte, cuando actuamos somos capaces de dar el mil por ciento de nosotros, y aunque pueden haber fallos, son tan pequeños e insignificantes que la audiencia jamás se dará cuenta. — Nyx. – nuestra entrenadora me llama la atención. – Baltus. – llama a mi compañero. – ¿Podéis repetir el mortal? Si no estáis muy cansados. — Por mi parte. – asiento, también puedo repetirlo. — Pero Nyx, primero haz algo en el trapecio, lo que te nazca. — ¿Sin perder velocidad? – asiente. – Lo puedo intentar, claro. Subo las escaleras hasta mi plataforma, si yo tengo que hacer algo antes, Baltus se lanzará más tarde. Pienso en que hacer, podría perder velocidad pero seguiría teniendo la suficiente para soltarme y hacer una especie de mortal antes de que Baltus me atrapase. No lo pienso mucho, me lanzo con las manos bien agarradas en la barra fija del trapecio. Con esfuerzo, pero sin perder la gracia, elevo mis piernas. Paso una de ellas entre mis brazos, quedo con la cabeza boca abajo, y con las piernas estiradas en un split. Veo como Baltus se lanza con la fuerza suficiente para compensar la velocidad que he perdido. Vuelvo a la posición natural, me suelto de la barra dando dos giros enteros, estiro las manos y agarro las de Baltus. Escucho los aplausos de nuestras entrenadora. Sonrío antes de dejarme caer a la maya de seguridad. Baltus se pone de pie sobre la barra del trapecio, se impulsa lo suficiente como para volver a su plataforma. Desde arriba lo veo sonreír. Al menos algo ha conseguido alegrarnos el día, ya pensaba que iba a ser uno de los peores días y con diferencia.
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