Capítulo 4

1577 Words
Malec  Observo las fotos que me han conseguido de la chica que vi anoche entrar y salir de la habitación de Emir Hodžić. No pude verla bien desde la distancia a la que me encontraba, y con la capucha que llevaba puesta solo pude ver sus preciosos ojos azules, parecidos a los de la mujer de Emir. Todo apunta a una hija secreta, aunque por más que buscamos no encontramos ninguna información. Como no sabemos que edad tiene, o su nombre, no podemos investigar con unas simples fotos. Si se ha mantenido al margen de todo esto, nadie puede conocerla. Ahora tengo a un hombre siguiendo a la chica para intentar conocer su rutina y secuestrarla. Necesito tener una ventaja con la que poder atacar a los bosnios, estoy muy harto de que me jodan los negocios. Pero lo que más quiero es venganza por la madre y esposa que perdí por su culpa, por culpa de los cinco hombres despreciables que gobiernan esa mafia desde varios puntos del estado. Si la han ocultado es porque la quieren, si la tengo tendré la ventaja que llevo años buscando y que no parecía fuese a aparecer. — Señor. – la voz del hombre que puse a seguir a la chica se escucha salir de mi portátil. – Voy a acercarme a la chica, encenderé la cámara de las gafas. — No hagas nada estúpido. No le digo que no lo haga, conozco bien al hombre que la está vigilando, sabe como fingir que se han encontrado por pura casualidad. A pesar de la cantidad de muertes que lleva a sus espaldas, parece un hombre de cuarenta años normal, tranquilo, simpático incluso. Observo la calle tranquila, a pesar de ser fin de semana no hay mucha gente por el frío que ya comienza a azotar la ciudad. El hombre se dirige a lo que parece ser una cafetería, no es de estas famosas que se llevan ahora. — Perdón. – se disculpa cuando choca “accidentalmente” con la chica. – ¿Estás bien? — Si, ¿usted está bien? – su voz es tranquila, dulce incluso. Ahora que puedo verla mejor no se parece en absoluto a sus hermanos mayores o a sus padres, sus ojos azules son mucho más cristalinos de lo que pude ver anoche, mucho más claros que los de su madre. Las facciones de su cara son delicadas, a un extremo de parecer mucho más joven de lo que posiblemente sea. A diferencia de su madre es bonita. — Si, fue culpa mía, estaba distraído. – se excusa. — No se preocupe, yo también estaba distraída. – le sonríe ligeramente. Levanta su mano para apartar un pelo de su cara. Los tatuajes que tiene en el dorso de su mano no me pasan desapercibidos, no entiendo lo que ponen solo puedo destacar el color rojo y la bonita caligrafía que eligió. No esperaba que la única hija de Emir estuviese tatuada, para los bosnios las mujeres deben permanecer limpias hasta el matrimonio, e incluso después tiene que alterar sus cuerpos lo menos posible. — Nyx. – el chico a su lado le llama la atención, el hijo del gobernador de la ciudad. – ¿Entramos? Se me están congelando las manos. — Si, claro. – se despide de mi hombre con una sonrisa. Mi espía entra también dentro de la cafetería, lleva un aparato para poder escuchar conversaciones a distancias de tres metros. No es como si fuese a ponerse tan lejos, no supone una amenaza real para los chicos, o al menos ellos no perciben al hombre como una amenaza. Escucho como pide café, no me importa mucho lo que vaya a tomar. Quiero conocer tantos datos de la chica como me sean posibles. — ¿Has hablado con Mason y Laure? — Les mandé un mensaje esta mañana cuando me desperté. – parece triste. – JP preguntó por mi cuando no me vio para desayunar. — ¿Cómo está?¿Lograste que dejasen de meterse con él en el instituto? Sabes que mi padre se puede ocupar si no. — Amenacé al director con cerrarle el puto instituto si no lograba deshacerse del acoso escolar que sufría JP, nadie se ha metido con él desde el martes así que supongo que surtió efecto. — ¿Lo amenazaste? — Le dije que tu padre le cerraría el instituto si no hacía algo. – puedo ver como se encoje de hombros. – El imbécil me dijo que eran cosas de niños, que lo dejase pasar, que tenía que entender que el estigma sobre los artistas de circo es que no terminamos ni la secundaria. — ¿Te lo dijo a ti? Acabaste el instituto con excelencia académica y estudias un doble grado de física y matemáticas. – hacen una pausa para beber café. – Venga Nyx, ¿puedes darme una sonrisa? — Si quieres que finja una, por supuesto que puedo hacerlo, pero aún quiero seguir llorando. – resopla. – Aún estoy procesando la información. — ¿Se lo dirás a Laure y Mason? — Son mis problemas, a no ser que sea grabe me lo guardaré para mí y si por desgracia me cruzo de nuevo con él espero poder meterle una bala en la cabeza en vez de tirarle una silla. — La chica puede salir de la mafia pero la mafia no sale de la chica. – se ríe como si nada, como si ambos fuesen hijos de mafiosos. – Al menos estás comiendo, tenía miedo cuando llegaste anoche y solo llorabas. — Yo no lloro. — No con frecuencia, no. – la abraza. – Al menos soy afortunado, confías tanto en mí que te muestras vulnerable. — Eres mi mejor amigo, si no confío en ti, ¿en quién puedo confiar? – apoya su cabeza sobre el hombro del chico. – ¿Puedes llevarme a casa? — ¿Hoy actúas? — Soy la atracción principal, ¿quieres venir? — Si voy sin mi hermana se pasará toda la semana enfadada conmigo, iremos a verte la semana que viene. — Bien, no te olvides de mandarme mensaje cuando llegues a tu casa. Mi espía tarda unos segundos en salir de la cafetería para seguir a la extraña dupla. Por supuesto se suben a un coche caro, el coche de un niño rico como lo es el hijo de un político. Mi hombre los sigue a una distancia prudencial. Me sorprende cuando el coche se detiene a la entrada del circo más famoso del estado, este año se han quedado aquí pero por lo que tengo entendido el año que viene viajaran a otro Estados. Solo se han establecido aquí, hace cuatro años y ahora otra vez este año. He llevado al circo a mis mellizos, les impresionan los trapecistas, y les encantan los payasos. La chica, Nyx, se despide de su amigo. No entra inmediatamente, se queda en la entrada del circo. Agradezco la pequeña inversión que hice en este tipo de cámaras. Me gusta poder ver a esta chica, poder sentir que la estoy cazando. Nyx anda de un lado a otro, varias veces seguidas antes de llevarse las manos a la cabeza. — ¿Quién mierda soy? – la pregunta me toma de sorpresa. – Necesitas fingir que todo está bien Nyx, nadie puede notar que estás perdida. No llores, sonríe y sé la de siempre para que no noten la diferencia. — ¡Nyx! – un adolescente la detiene de seguir hablando con ella misma. — Hola pequeño. — Soy doce centímetros más alto que tú, no soy pequeño. — Bueno, tienes quince y yo cinco más que tú. – le sonríe. – ¿Por qué estás tan emocionado? Pensé que me regañarías por no avisarte de que no dormiría en casa. — Eres adulta, no pretendo que me avises de todo lo que haces. – ella se ríe. – Vino mi tío de visita, era tu oportunidad de conocerlo. Preguntó por ti, de como te iba en los estudios y se alegró de saber lo bien que te va. — Me hubiese gustado conocerlo, ya habrá otra oportunidad de hacerlo. — Nyx, ¿te irás cuando te gradúes? — Posiblemente. — ¿Te olvidarás de mí? — Nunca podré olvidarme de ti JP, eres mi hermanito pequeño, el único hermano pequeño que tengo. — A veces me gustaría que fueses mi hermana de todas las formas, no solo ya sabes. – pero yo no, niño podrías hablar más. — No importa con quien comparta ADN JP, a ellos no los quiero. – la información la he obtenido de ella. – ¿El hombre que mandó River con mi coche ha llegado? – se van alejando hasta que no puedo escuchar la conversación. Cierro la página de las gafas, si ocurre algo que deba ser de mi interés mi espía ya me avisará. Quiero observarla esta semana, quiero comprobar que sigue una rutina establecida. Una vez que conozca sus movimientos moveré a mi gente. Necesito que Nyx Hodžić llegue a mi sana y salva, la necesito para chantajear a su padre y para obtener información de ella. Estoy seguro que si la presiono un poco la haré hablar, es una chica que se hace la fuerte pero no se ha criado dentro de la mafia, o al menos creo que no lo suficiente como para no romperse si la presiono un poco más de lo que pueda aguantar.
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