El ruso me grita como si fuese mi culpa ser una inútil que no sabe nada de la vida de su padre. Intenté seguirle la pista, pero más allá de que le gusta beber cuando juega a las cartas no sé nada más. No sé que sitios frecuenta si es que lo hace, no sé quienes son sus amigos o sus enemigos. j***r, no sé nada. Toda mi vida me mantuvieron al margen de los sucios trabajos desde el que hasta hace no mucho era mi padre. No puedo ayudar por mucho que me gustaría. Para ellos soy tan inútil como lo soy para los que pensaba que eran mi familia. E incluso a ellos les sirvo más porque al menos descargaban su frustración conmigo. Este en vez de descargar su frustración, sale más cabreado y frustrado cada vez que intenta obtener información de mi.
Empiezo a pensar que al igual que yo es medio sordo o me cree una mentirosa, que si que lo soy, pero al menos está vez si que estoy siendo sincera. No sé una mierda de Emir. Él no me cree, su primo si que lo hace e intenta siempre calmarlo. No lo consigue. Así que llevamos una semana en la que Malec viene de buenas a verme y se marcha lleno de frustración.
— ¡Dame algo!
— ¿Eres sordo? – le grito por primera vez en una semana. – Que no tengo ni puta idea de lo que hace o deja de hacer ese viejo. – le chillo, se queda callado. – Yo soy la primera que lo quiere muerto, si pudiese te daría cada puto detalle de su vida pero no lo conozco, no lo sé j***r. – me levanto aunque no puedo hacer gran cosa, mi pie está esposado a la pata de la cama.
— ¿Me estás gritando?
— Coño, es que eres pesado de cojones. – lo miro frustrada. – En vez de seguir perdiendo tiempo conmigo, sería mejor que lo amenazases o yo que mierda sé, pero conmigo no vas a conseguir una puta mierda. Me largué de esa casa hace cinco años, ¿crees que dejé atrás todos los lujos y comodidades por ser artista de circo a los quince años por puro placer?
La cabeza me duele, a veces, cuando los sonidos son demasiado fuertes me duele la cabeza. Una pequeña lesión que me dejó la última paliza de mis hermanos mayores. Y digo pequeña porque nada se comprara a que me rompiesen el tímpano y me dejasen sorda. Al menos no ahora, y no con el resto de palizas que me dieron.
— Te lo voy a repetir una vez más despacito por si aún no te has enterado. No. Sé. Una. Mierda. De. La. Vida. De. Mi. Padre.
Lo veo contener la ira, no parece querer golpearme por lo poco receptiva que soy a sus demandas pero si parece a punto de estallar conmigo. Parece que quisiera gritarme cosas no muy bonitas, no me ofendería si lo hiciese. Me han llamado muchas cosas a lo largo de mi vida como para venir a ofenderme por lo que él me diga.
— ¿Cómo sabías que estaba en el hospital?
— Me llegó el rumor.
— Desarrolla más, ¿por qué fuiste a verlo si lo odias tanto?
— Le lancé una silla antes de irme de su habitación.
— ¿Fuiste tú?
— Era lo único que tenía cerca para lanzarle, si hubiese tenido un arma ya ni siquiera estaría respirando.
— ¿Por qué fuiste a verlo si lo odias tanto?
— No lo odiaba tanto hasta esa noche de hace dos semanas y media. – me cruzo de brazos. – Me reservo el derecho a la intimidad para no decir algunas cosas. – me mira molesto pero no me lo niega. – Me llegó la información de donde estaba, en un inicio no iba a ir, pero pensé que él había sido el único en mostrarme amor cuando aún vivía con ellos. Me pareció que yo merecía despedirme de la única persona que parecía quererme, no quería volver pero al menos decir adiós. Tengo que decir que no era buena idea, descubrí un secreto sobre mi misma y entendí que él no solo es que no me quisiera, sino que mi vida no le importaba una mierda.
— Eres su única hija.
— Ya, y por mi culpa mataron a su hijo favorito. – me encojo de hombros. – Ese es el único sitio que sé con certeza que visita.
— ¿Siempre?
— En el cumpleaños de Mustafa, en el aniversario de su muerte, y año nuevo.
— ¿Cuál es la fecha más cercana?
— Año nuevo y estamos a octubre.
— No sirves para nada.
— Mira, ya te pareces a mis hermanos mayores. – me acuesto en la cama. – ¿Ya te has frustrado lo suficiente como para dejarme en paz por hoy?
— Eres insolente.
— Ya, también me lo han dicho muchas veces. – ruedo los ojos. – Me han insultado en al menos tres idiomas distintos, y a mis profesores de la universidad les encanta decirme que no llegaré a nada más que a puta con mis pintas, que ninguna matemática o física que se respete vestiría como lo hago yo. – resoplo. – Puedes insultarme, no voy a ofenderme ruso.
— Me irritas.
— Puedes unirte al club, pocas personas me toleran. – le sigo con aburrimiento.
— ¿Qué pasaría si te dejo sin comer para obligarte a hablar?
— No te servirá de una mierda, no sería la primera vez que me dejan sin comer para que hable. Ya se lo dije a su primo, este es mi cuarto secuestro. – miro el techo gris de mi celda. – Tengo curiosidad, ¿por qué lo odia tanto?
— Mató a mi madre y a mi esposa.
— Siento las pérdidas. – vuelvo a incorporarme, ahora que hemos dejado de gritar me duele menos la cabeza. – No voy a detenerte de matarlo, pero no soy de ayuda.
— Volveré.
— Seguiremos con este baile estúpido entonces. – me despido de ambos hombres.
Al final si que me trajeron comida, me lo esperaba. No parecía muy convencido de usar esa técnica para hacerme hablar. He escuchado como torturan a otros de los tipos que tienen encerrados aquí abajo, no los he visto porque esta es la única celda que no tiene prácticamente privacidad. Pero a mi no me han traído aquí porque les haya hecho algo malo, me han traído para ganar ventaja sobre Emir. Podrían tenerla, si ellos me quieren de vuelta para tener de nuevo poder sobre quien quiera que sea mi padre, tienen la ventaja de tenerme en su posesión. Pero Emir tampoco es estúpido, no va a quedar en ningún punto para hablar, y de hacerlo es posible que ninguno de los dos salga con vida.
Toco mi oído cuando siento una sustancia extraña chorrear por él. No me sorprende ver sangre bajar por él. Me dejaron varias heridas internas, y encima estoy durmiendo con mi audífono porque no quiero que ellos sepan que estoy sorda, o medio sorda. Como ninguno lo ha comentado, intuyo yo que desconocen que tengo un pequeño problema auditivo.
Estoy hasta los cojones del mundo, es cierto que la mafia nunca te deja en paz. Pero pensé que quien no me dejaría en paz serían los bosnios, no espere que fuesen los rusos. Todavía no entiendo de que forma Emir se metió con los rusos, a razón de qué mató a dos mujeres de la mafia rusa. Me mantuvieron tan al margen que aunque intente buscarle una explicación jamás se la encontraré, tendré que esperar a que alguno de ellos quiera dármela.
— ¡Deja de roncar! – no le grito a alguien en particular, la mitad de estos tíos roncan una barbaridad mientras duermen.
— Pobrecita, la princesa no puede dormir.
— ¡Qué os den!
Chillo de frustración, dejo caer la cabeza a la almohada con demasiada fuerza. Como si no estuviese lo suficiente cabreada, yo misma no me ayudo a dejar de estarlo. Estoy, no sé como estoy. Todavía no sé quien mierda soy, y ahora por culpa de los que me secuestraron recién nacida me han vuelto a secuestrar. Ni siquiera he intentado explicarles esto a los rusos, porque ni siquiera sé como hacerlo. Y sino me creen con cosas sencillas de explicar, no sé como mierda iban a creerme si les digo esto que parece sacado de una película.
— Nyx. – la voz de Maxim se cuela por mis oídos. – ¿Te encuentras bien?
— Cabreada porque estos tíos roncan una barbaridad, pero nada, llevo semana y media lidiando con sus sonidos corporales.
— No puedo hacer nada por ayudarte con eso.
— Lo que sea.
— ¿También estás enfadada conmigo?
— Que seas simpático conmigo no borra el hecho de que soy una prisionera de tu primo, ni que te quedas como un estúpido mirando como tu primo me grita y me falta el respeto cuando no obtiene la respuesta que quiere. – me levanto de la cama. – Estoy cabreada porque de saber que erais la mafia rusa no me hubiese dejado atrapar con tanta facilidad.
— ¿Y por qué te dejaste atrapar?
— Para que no le hiciesen daño a las personas que más quiero, y ahora mi pequeño campeón debe de estar culpándose por no protegerme lo suficiente. – contengo las lágrimas. – Y mi mejor amigo tiene que haber sido ingresado en el hospital por un ataque de histeria.
— ¿Tanto se preocupa tu mejor amigo por ti?
— Se hubiese suicidado a los dieciséis si no nos hubiésemos conocido, así que estoy segura de lo importante que soy para él. – dejo de mirarlo. – Voy a intentar dormir, adiós.