UN PACTO

939 Words
[BRANDON] Sigo totalmente atrapado en el efecto de su beso y necesito obligarme a recordar que estamos en un restaurante para encontrar una razón válida que me haga detenerme. La manera en que su boca se ha quedado grabada en la mía, lenta y peligrosa, borra todo lo demás. El lugar, la mesa, las voces apagadas detrás de las paredes… nada importa tanto como esta sensación vertiginosa que me recorre el cuerpo. Nos separamos despacio, casi con dificultad, como si ninguno quisiera ser el primero en romper ese hilo invisible que todavía nos mantiene unidos. Cuando nuestras miradas se encuentran de nuevo, ambos soltamos una risa nerviosa, sincera, desordenada. —Uff… Apoyo mi frente en la suya y cierro los ojos apenas un segundo. Respiro su perfume, su cercanía, la electricidad que todavía vibra entre los dos. Cuando la miro otra vez, sus ojos marrones brillan con una intensidad que me deja sin defensas. —Tus besos son peligrosamente exquisitos —murmuro, sin adornos. Ella sonríe, despacio, como si saboreara mis palabras. —Permíteme rebatir… todo tú eres peligroso. Antes de que pueda responder, es ella quien vuelve a besarme. Esta vez es distinto. El beso es breve, suave, casi inocente… y precisamente por eso me deja con una necesidad absurda de más. —Respiremos —propone al fin, apoyando la espalda contra el respaldo de la silla. La imito, aunque me cuesta más de lo que debería. —¿Por qué tengo la sensación de que me tienes miedo? —pregunto, observándola con atención. —No es miedo a ti —responde con honestidad—. Es miedo a mí. No tengo tiempo de insistir porque en ese momento llegan los platos. Agradecemos al camarero casi al mismo tiempo y el sonido de la vajilla nos devuelve, a la fuerza, a la realidad. —¿Puedo saber por qué? —retomo la pregunta mientras acomodo los cubiertos. Ella corta un trozo de salmón con calma, como si necesitara ese gesto para ordenar lo que va a decir. —Prefiero conocerte —empieza—. Y si llega a pasar algo entre nosotros… quiero que sea porque tú me gustas de verdad, no porque seas el Brandon que he construido en mi cabeza durante años. Asiento despacio. No me sorprende su respuesta; me tranquiliza. —Entonces estamos haciendo lo correcto —le digo—. Conociéndonos. —Sí… pero estos besos no ayudan demasiado —añade con una sonrisa ladeada—. Confunden. —A mí me encantan —confieso sin rodeos. Bebo un sorbo de champagne antes de continuar. —Se supone que somos dos desconocidos que empezaron a hablar hace apenas unos días… y, aun así, siento que te conozco de antes. Me interesa todo lo que dices, todo lo que eres. Y no quiero imaginar lo que todavía no me has contado… porque sé que también me va a gustar. Me observa en silencio unos segundos, como si midiera el peso de mis palabras. —Ahora entiendo muchas cosas de ti —dice finalmente—. Por ejemplo, la manera en que piensas. —Explícate. Deja los cubiertos a un lado y se inclina un poco hacia mí. —La primera vez que escuché una de tus canciones nuevas —confiesa entre risas— me quedé completamente perdida. Pensé: ¿esto es una metáfora?, ¿una pregunta existencial?, ¿una historia sin final? No entendía nada hasta que la escuché entera y todo cobró sentido. Ahora que hablo contigo me doy cuenta de que eres igual al conversar: das vueltas, juegas con las palabras… pero al final siempre llegas a algo que se siente real. No puedo evitar reír. —Vaya confesión. —Básicamente —añade—, hasta que no entendí el conjunto, no entendí nada. Esta vez reímos los dos, más relajados, más cómodos. —Podrías ser un poco más directo a veces —me dice—. Más… humano. Me acerco un poco más. —¿Qué tal si te digo que me encantaría que fueras esa salida a mi soledad… y la calma dentro de mi caos? ¿Así se entiende mejor? Su respiración se altera apenas. —¿Hablas de una frase bonita… o de algo más? No respondo con palabras. La beso. —Hablo de que seas tú quien vea más allá de lo que todos creen que es mi vida —aclaro en voz baja—. Porque no es perfecta. Y tengo la sensación de que tú y yo no vamos a conformarnos con medias verdades. —¿No crees que vas un poco rápido? —pregunta, aunque no se aparta. —No te estoy pidiendo que nos acostemos esta noche —digo con una sonrisa—. Tampoco que seas mi novia. Abre los ojos, divertida. —Ni matrimonio. —Ni hijos. —Entonces… —Te pido que, entre una cita y otra… entre una conversación y otra… entre un beso y otro… veamos qué es esto. Me observa con atención. Luego sonríe. —Suena justo. —Y peligroso —añado—. Porque creo que aquí hay algo más que química… y los dos lo sabemos. —¿Cómo sellamos este pacto? —pregunta—. ¿Con un apretón de manos? Mi respuesta es inmediata. —Mejor con un beso. —Mucho mejor. Sus labios vuelven a los míos y esta vez no hay dudas, ni prudencia, ni distancia. Solo la certeza inquietante de que algo acaba de empezar. Un pacto silencioso. Entre besos. Entre conversaciones. Entre dos personas que todavía no saben qué serán el uno para el otro… pero están dispuestas a descubrirlo
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD