[ASLI]
Al día siguiente: 7 de enero, 2019
El beso que me dio anoche dentro de su coche todavía me quema los labios.
No importa cuánto intente distraerme: mi mente vuelve una y otra vez a la forma en que me miró antes de despedirse, a la cercanía, a su voz baja hablándome del pacto que hicimos entre citas, besos y conversaciones. Ese pacto que parecía tan sensato… y que ahora mismo se siente peligrosamente emocionante.
Me incorporo en la cama y me quedo unos segundos mirando el techo, intentando ordenar mis pensamientos. No funciona.
Voy al baño, abro la ducha y dejo que el vapor empiece a llenar el espacio mientras me quito la ropa con movimientos distraídos. Me meto bajo el agua caliente y cierro los ojos.
Estoy nerviosa.
Hacía muchísimo tiempo que no sentía estas cosquillas bajo la piel, este desorden dulce en el estómago que aparece cuando alguien empieza a importarte más de lo que deberías permitirte. Y que sea justamente Brandon Ferran quien me esté provocando todo esto me aterra.
El agua resbala por mi espalda y mi mente, traicionera, retrocede.
Rodrigo.
Solo pensar su nombre me aprieta el pecho. Fue quien me enseñó lo hermoso que puede ser enamorarse… y también lo devastador que resulta cuando todo se rompe. Promesas vacías, palabras que pierden sentido, noches en las que aprendí —a la fuerza— que no todo el que se acerca lo hace para quedarse.
No quiero repetir esa historia.
No quiero volver a ser el juguete emocional de nadie.
Mucho menos de un hombre que podría tener a quien quisiera.
Ve despacio, me repito.
Pero ¿cómo se va despacio cuando alguien es tan peligrosamente irresistible?
[…]
Pantalón n***o ajustado, suéter blanco, botas negras hasta el tobillo y el cabello suelto. Ese es mi uniforme para enfrentar el día y la reunión que tengo con los dueños de Alliance Group.
Busco el abrigo, el bolso y, antes de salir, tomo el móvil de la mesita de noche.
La pantalla se enciende.
Y ahí está.
Buenos días, mujer de labios peligrosos. ¿Cómo has amanecido hoy?
Me quedo mirándolo unos segundos.
Tengo que estar soñando…
Respiro hondo y llevo una mano al estómago, como si así pudiera deshacer el nudo absurdo que aparece solo por leerlo. Es inútil.
Buenos días, hombre que dice no ser romántico… pero lo es. Yo he amanecido muy bien. ¿Y tú?
Envío el mensaje y salgo de la habitación intentando comportarme como una persona funcional.
—¿No desayunas? —pregunta Micaela desde la cocina.
—Tengo una cita de negocios en cuarenta minutos. Desayuno con los clientes.
—¡Suerte!
—Gracias, nos vemos a la noche.
Cierro la puerta y bajo en el ascensor. Mis ojos regresan a la pantalla apenas vibra.
No sé si soy romántico o no… lo único que sé es que no puedo dejar de pensarte. ¿Qué hacemos con eso?
Me estás volviendo loca, pienso.
No lo sé… porque a mí me pasa igual. Me siento como una adolescente y eso me da bastante miedo.
Salgo a la calle y el frío de Madrid me golpea de lleno.
Tardo casi diez minutos en conseguir un taxi.
Cuando por fin subo y le doy la dirección, el móvil vuelve a vibrar.
Yo también tengo miedo… pero es mejor sentir eso que no sentir nada, ¿no crees?
Sonrío sin poder evitarlo.
Supongo que sí… ¿cuándo nos seguimos conociendo?
Perfecto. Tenía miedo y ahora soy yo la que insinúa otra cita. Lo tuyo es de estudio, Asli.
Me río sola y el conductor me lanza una mirada extrañada.
Si quieres, puedo invitarte a cenar a mi piso esta noche. ¿Qué dices?
¿Su piso?
Esa invitación me asusta… tú y yo tenemos un pacto.
Imaginar su expresión al leerlo me provoca una sonrisa.
Lo sé. He dicho cenar. Hasta donde yo sé, la mesa está en el comedor y la cama en la habitación. Si después tú decides ir a la habitación, eso ya sería otro tema.
Me muerdo el labio.
¿Y crees que me voy a creer ese cuento?
Que tú imagines escenas intensas sobre sofás, encimeras o pianos en tus historias no es culpa mía. Yo solo te invito a cenar y a seguir conociéndonos. ¿Aceptas?
Siento cómo las mejillas me arden.
Deberías dejar de leer mis historias por el bien de los dos. Está bien, acepto. Pásame la dirección y la hora. Y, por cierto… ¿eso de que cocinas mal es cierto o falso?
No dejaré de leerte, soy tu fan. Sobre la cocina… deja que lo descubras esta noche. Te espero a las ocho. Aquí tienes la dirección. Que tengas un hermoso día. Contaré las horas para volver a verte.
Respira, Asli.
Nos vemos esta noche.
—Señorita, hemos llegado.
—Muchas gracias.
Pago y bajo intentando recomponerme antes de enfrentar el día laboral.
Camino hacia el café cuando una notificación de i********: ilumina la pantalla. Una foto suya. Brandon, más joven, con una guitarra entre las manos y una sonrisa despreocupada.
Leo la frase:
Que este año esté lleno de oportunidades inesperadas.
¿Es para mí… o ya estoy perdiendo completamente la cabeza?
Le doy like.
Guardo el móvil.
Y entro al café con una certeza palpitándome en el pecho: esta noche va a ser peligrosa. Y, por primera vez en mucho tiempo, no estoy segura de querer que no lo sea.