El aire se me queda atrapado en la garganta. Siento que mi pecho se abre y se cierra con violencia, como si de repente respirar fuera un acto consciente que tengo que recordar hacer. Nicoló me mira, y en sus ojos hay una calma extraña, como si él estuviera seguro de que su confesión no me va a derribar, pero a mí me tambalea todo. —¿Todos? —repito, casi sin voz, como si la palabra me pesara en la lengua. Él asiente, y esa sonrisa leve, casi imperceptible, me enciende un nudo en el estómago. —Todos —susurra—. Cada detalle, Raven. Cada momento. Cada cosa que me robó el accidente… ahora está aquí. —Señala con un dedo su cabeza. Me llevo una mano al borde de la encimera, necesito apoyarme. El material frío de la misma me recuerda que sigo aquí, que no estoy flotando. Lo observo mientras se

